Al reabrir los ojos llenos de llamas he visto el horror de mi bohardilla y he sentido, al volver a entrar en mi alma, el aguijón de las malditas inquietudes; el péndulo de acentos fúnebres marcaba brutalmente el mediodía, y el cielo vertía tinieblas sobre este triste mundo embrutecido...
Ahora una flor maldita de Baudelaire...
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